Esos troncos, retorcidos por los siglos, han aprendido a abrazarse sin confundirse. Vetustos se enredan entre sí y no se sabe dónde termina el uno y dónde comienza el otro. Parecen dos vidas que, sin dejar de ser distintas, echan raíces en la misma eternidad.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero