“Los miembros naturales de Apolo no son las alas sino los tentáculos…”
—Vladimir Nabokov
Esta frase aparece en Habla, memoria, su autobiografía, y está cargada de imágenes simbólicas que invitan a una lectura crítica más allá de lo literal. Nabokov desafía en ella la visión romántica o idealista del arte, especialmente de la poesía. Con esta frase, está diciendo que la verdadera poesía no surge del vuelo elevado y angelical (alas), sino de un contacto más profundo, físico y envolvente con la realidad o la emoción humana (tentáculos).
Habla, memoria es una autobiografía literaria que escapa a las convenciones del género. No sigue un orden estrictamente cronológico, sino que funciona como una serie de ensayos o meditaciones temáticas sobre la infancia, el exilio, la memoria, la pérdida y el arte. En ella, la narración autobiográfica no es confesional, sino compositiva. No es solo una autobiografía, sino una metaficción del yo, una meditación sobre cómo se fabrica la identidad a través del lenguaje. El resultado es una obra profundamente original, estéticamente exigente y emocionalmente contenida, donde lo que se dice es tan importante como la forma en que se dice.