«Amar es, en su esencia, el proyecto de hacerse amar».
—Jean-Paul Sartre
Esta frase engloba una de las ideas más conocidas y también más discutidas de El ser y la nada. No es una definición romántica del amor, sino un análisis existencial de lo que ocurre en la conciencia humana cuando ama.
Es romántica a la manera sartreana: el amor no como fusión, sino como un juego de libertades que se buscan. En sus cartas a Simone de Beauvoir hay líneas genuinamente tiernas, donde le dice que ella no es solo su vida, sino la única honestidad de su vida.
Aquí aparece el problema filosófico que obsesiona a Sartre. El amante quiere dos cosas al mismo tiempo: que el otro sea completamente libre para amar; pero también que ese amor permanezca para siempre. Y esas dos aspiraciones entran en tensión. Si el otro es realmente libre, siempre puede dejar de amar. Si no pudiera hacerlo, su amor ya no sería libre y perdería su valor. Por eso, para Sartre, el amor está atravesado por una fragilidad inevitable.