«No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza…»
—Piedad Bonnett
Piedad Bonnett suele escribir desde la fragilidad humana, el duelo y la lucidez. Aquí sugiere que las heridas no solo destruyen, también revelan quiénes somos y de qué estamos hechos. El verso dice que incluso las marcas más dolorosas pueden contener una forma de belleza: la de haber resistido y seguir vivos. A veces, una persona no es bella a pesar de sus cicatrices, sino también por ellas, porque cuentan una historia real.
Es que la «cicatriz» no es solo una marca física. Puede representar pérdidas, duelos, heridas emocionales, traiciones, enfermedad, cualquier experiencia que deja huella. En ellas se reconoce que hay sufrimientos muy duros, incluso devastadores, en los cuales no se minimiza el daño.
No significa que el dolor sea bueno en sí mismo, sino que en la huella del dolor puede aparecer algo valioso.