Subimos buscando una vista y encontramos una promesa. Entre pinos y polvo, la piedra guardaba nombres antiguos, pero yo solo leí el tuyo.
Dijiste que el amor verdadero no siempre abraza: a veces espera.
Desde entonces, cada vez que la vida nos separa, cierro los ojos y regreso a este claro de luz, donde la sombra de los árboles se inclina sobre el camino y tú sigues caminando conmigo hacia el mismo destino.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero