El árbol florece de golpe, sin una sola hoja verde, como si le urgiera. Tres días de oro y después el viento. Subo cada agosto a este mirador porque desde aquí la ciudad se ve entera y pequeña, del tamaño exacto de lo que cabe en la memoria; de lo que el amor recuerda. Flores amarillas en el piso…
La gata de Tobita
Gustavo Quintero