«Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos…»
—Juan Gelman
En estos versos del poema «El juego en que andamos», el poeta siente que la sociedad está enferma y que la infelicidad es algo común. Parece que no hay esperanza. Ya nada es ingenuo, todo está programado y todo se mide por el mismo rasero. El amor, ya sea del tipo que sea, es interesado. La esperanza no existe y las personas se juntan por necesidad, por mercadeo. Hay una exigencia por no estar solos.
Para Gelman, el amor es una forma de resistir la intemperie. No elimina la soledad, pero la hace habitable por momentos. El amor no es puro ni desinteresado: nace de la falta, de la necesidad de no estar solos. No salva, no redime del todo y está atravesado por contradicciones. Pero precisamente en esa imperfección —en ese «saber que estamos muy enfermos»— reside su única forma posible de verdad: que el amor es verdadero, aunque no sea limpio.