La vida creyó que debía conservarnos intactos. Después aprendimos que vivir era otra cosa: caer, quebrarse, perder fragmentos y seguir reconociéndonos entre ellos.
Al final, quizá no somos la pieza perfecta que alguna vez fuimos, sino la memoria de todo lo que, aun roto, permanece hermoso.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero