Flotas en el cenote y no te pierdes gracias a las ramas que vienen de lo alto y te sostienen sin tocarte, te orientan sin hablar.
Lo difícil no es el agua ni la profundidad. Lo difícil es saber en qué rama estás tú y en cuál estoy yo.
Porque a veces creo reconocerte en cada hilo que desciende y me aferro a la luz que no eras, o te dejo pasar creyendo que sí.
Y, mientras flotamos —cerca, tal vez—, seguimos buscando el mismo punto invisible donde dos ramas, por fin, sean una sola.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero