Cada noche la silla miraba la ventana. Una noche, el amor decidió sentarse allí.
Hay sillas que esperan cuerpos. Esta, en cambio, esperaba tu regreso.
Cada noche se quedaba sola frente a la ventana, convencida de que el amor conoce el camino de vuelta.
Al final, bastó con que nuestras sombras se encontraran en el vidrio para que la silla dejara de estar vacía. Desde entonces, la ausencia tuvo que buscar otro lugar donde sentarse.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero