
Café Florian
El coñac respira en la copa: ámbar tibio, madera, una sombra de vainilla. La música del violín se desliza entre las columnas antiguas y la

El coñac respira en la copa: ámbar tibio, madera, una sombra de vainilla. La música del violín se desliza entre las columnas antiguas y la

El mar estaba lleno de alas.Miles de pájaros levantaban vuelo hacia el cielo mientras yo te pensaba. Entonces entendí algo simple: si tantas aves encuentran

El amor huele primero a comino tibio en la piel, a canela que despierta, a azafrán que se queda en los dedos y se recuerda.

Yo estuve allí ese día contigo, bajo esos arcos dorados en Roma, hace 40 años.Ahora leemos la fecha en la placa como si fuera un

En un rincón de Sudáfrica el amor aguarda. La madera respira y las botellas, alineadas como soldados pacientes, también esperan por los dos. Me pregunto

La luz caía sobre las cúpulas como un velo nupcial. Crucé la avenida y sentí que el asfalto se volvía arena tibia bajo mis pasos.

Te he visto bajo el cristal inmenso del Cour Marly, donde la luz de París acaricia las esculturas como si quisiera devolverles el aliento, a

En la pared del palacio, la caligrafía no era adorno: era música detenida. Cada trazo en turco otomano parecía un minarete de tinta, elevándose hacia

La bola de espejos giraba como un pequeño planeta cansado, repartiendo constelaciones sobre los manteles. El acordeón respiraba en el fondo, y cada nota caía

Entre casas encaladas y ventanas azules, apareció el pelícano como un vecino más. Caminaba lento, indiferente a las cámaras y a las risas, como si