Yo estuve allí ese día contigo, bajo esos arcos dorados en Roma, hace 40 años.
Ahora leemos la fecha en la placa como si fuera un acontecimiento histórico.
Entramos. Pediste lo de siempre —o eso dices ahora—. Reímos del contraste: mármol romano, bandejas de plástico; siglos de ruina afuera, kétchup adentro.
A veces me pregunto si recuerdas algo más que la fecha.
Yo recuerdo tu mano rozando la mía al tomar las papas.
Tú no recuerdas si la hamburguesa tenía pepinillos.
Y quizá eso sea lo único que importa.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero