«Nunca juegues limpio en un juego en el que los demás hacen trampa».
—Nicolás Maquiavelo
En el capítulo XV de El Príncipe, Maquiavelo sostiene que quien quiera ser bueno en todo, en medio de tantos que no lo son, termina arruinándose. Por eso el gobernante debe aprender a poder no ser bueno, y usar o no esa capacidad según lo exija la necesidad.
Lo que quiso decir, en esencia, es que la política se juzga por cómo es, no por cómo debería ser. Maquiavelo rompe con la tradición de los «espejos de príncipes», que describían al gobernante ideal y virtuoso. Él se propone hablar de la «verdad efectiva de la cosa», es decir, de cómo actúan realmente los hombres.
A pesar de las trampas, jugar limpio conlleva una gran felicidad.