«La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante».
—Antonio Gala
Uno es más feliz cuando deja de cargar el mundo como si todo dependiera de uno y como si todo fuera definitivo. Quizá es darse cuenta de que lo que importa es uno y que a veces eso basta. Nada externo es demasiado importante, lo que queda es uno mismo: la propia mirada, la paz interior, la forma de estar en el mundo. Cuando dejamos de depender de los logros, la aprobación o los resultados, la felicidad se vuelve algo que uno puede sostener por sí mismo. En ese sentido, a veces uno basta.
Hay que dejar de tomarse uno mismo tan en serio, con sus orgullos, heridas y expectativas. La ligereza llega cuando uno deja de ser el protagonista de todo. Quizá la felicidad esté en ese punto medio: cuidarse y bastarse, sin cargarse a sí mismo con el peso de los demás y de creerse imprescindible.