«Entre lo que decimos sin sentirlo y lo que sentimos pero nunca decimos, se pierde gran parte del amor».
—Kahlil Gibran
Gibran señala dos formas de fallar en el amor, y ambas son fallas de correspondencia entre lo que se dice y lo que se siente. La primera —«lo que decimos sin sentirlo»— es la palabra vacía: el «te quiero» automático, el elogio de cortesía, la frase dicha por costumbre o por evitar un silencio incómodo. La segunda —«lo que sentimos pero nunca decimos»— es el afecto que se queda dentro por pudor, orgullo, miedo al rechazo o simple suposición de que «ya se sabe».
Lo interesante es la palabra «entre». Gibran imagina un espacio, una especie de grieta entre esas dos zonas, y ahí se cae la mayor parte del amor humano. La frase es también una invitación práctica, muy propia de Gibran, a hablar menos por automatismo y más por verdad, y atreverse a nombrar lo que sentimos mientras todavía exista a quién decírselo. Y casi siempre lo hay.