Las palmeras guardaban la noche como quien custodia un secreto antiguo.
Al fondo, las luces de un barco parecían anunciar partidas, pero aquella vez no.
Después de tantas lágrimas, de tantos silencios y de tantas preguntas sin respuesta, el amor dobló la esquina del camino.
No llegó con promesas ni con flores.
Simplemente volvió.
Y finalmente supe que estaba vivo.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero