Dicen que el sol se esconde por cansancio. No lo creo.
Se hunde en el mar porque sabe que el agua guarda todos los secretos, y él —que todo lo ha visto— necesita esconderse al menos una vez al día.
Esa media esfera dorada que se ve no es un ocaso. Es una sonrisa.
La del que por fin llega a casa y, también, la del que todo lo espera.
La gata de Tobita
Gustavo Quintero