«Quienes están destinados a encontrarse terminan haciéndolo y, del mismo modo, quienes están destinados a llegar aquí, acaban llegando».
—Hisashi Kashiwai
En la obra Los misterios de la taberna Kamogawa, esta frase de Kashiwai quiere significar que ciertos lugares y ciertas personas se encuentran cuando una necesidad profunda los llama. La taberna Kamogawa encarna justo eso: un sitio al que no se entra por casualidad, sino porque, de alguna manera, el pasado, el hambre y la nostalgia ya iban caminando hacia esa puerta desde hace tiempo. La Kamogawa no tiene letrero, apenas aparece en una nota de revista, está medio escondida en Kioto… y, sin embargo, la gente adecuada termina encontrándola.
Hay encuentros que llegan tarde, pero llegan, y todavía pueden curar algo. «Quienes están destinados a encontrarse terminan haciéndolo» no es tanto una fe ciega en el destino, sino una manera poética de decir que lo verdaderamente significativo insiste: insiste en forma de personas, lugares, libros, sabores o escenas que vuelven a cruzar nuestra vida hasta que, por fin, nos atrevemos a mirar de frente lo que traen.