
La gata Tobita
El sindicato de los pinochos
Cada medianoche, cuando el dueño del taller se iba, comenzaba la asamblea. —¡Compañeros títeres! ¡Basta de mentiras! —gritaba uno con sombrero de aserrín—. ¡Queremos articulaciones

Cada medianoche, cuando el dueño del taller se iba, comenzaba la asamblea. —¡Compañeros títeres! ¡Basta de mentiras! —gritaba uno con sombrero de aserrín—. ¡Queremos articulaciones